GIANINE TABJA
Sobre la obra de GIANINE TABJA David Flores-Hora.- Un monocular, en el Parque de la Muralla (centro Histórico de Lima), fue mi primer contacto con la obra de Gianine Tabja. Esa propuesta en la exposición “Reciclos” (Junio, 2010) fue el inicio de un contacto con una artista excepcional. En ese proyecto El Cerro San Cristóbal, ¿Acaso un ícono de Lima? se convirtió, por un instante, en un paraje idílico. Esa ciudad jardín, ¿existió realmente?, fue inventada por un momento. Un cerro del desierto limeño convertido en una frondosa interacción. Esa tarde, en el Parque de la Muralla, una pareja miraba por el monocular y un irónico “Soñar no cuesta nada” por parte de ellos me aclaró todas las posibilidad de interacción e implicación que se pueden generar a partir de una propuesta artística. Efectivamente, el transfigurar una ciudad mucho más que una situación onírica es conectar el arte y la vida con nuestra condición de ciudadanos. Luis Lama.- Conocí por primera vez la obra de Gianine Tabja en una publicación de la muestra ¿Emergentes? y de inmediato me atrajeron las confrontaciones y contradicciones que su obra encerraba. Había en ella un enigma de apariencias científicas –o de ciencia ficción- en el cual presentaba lo que pudiera ser un enorme huevo cuyo interior encerraba la porción de una barriada limeña en miniatura. DFH. Mi aprecio por su obra se confirmó al conocer el proyecto que desarrollaría para la exposición ¿Emergentes? (octubre, 2010), en lo que alguna vez fue la Galería [e]Star. En esta oportunidad, y como curador de esta muestra, mi contacto con la obra de Gianine Tabja me hizo pensar, y cuestionar, lo que significa ser emergente en una ciudad como Lima, en un país como el Perú. “Procesos de Gestación” se proyectó como un huevo que arranca y encapsula una realidad tan cercana para todo usuario de esta metrópoli. Pasar del micro al macro, y del macro al micro, en una cíclica ambientación. Toda una puesta en escena accesible desde una mirilla. También le dicen “Ojo mágico”, sintomáticas casualidades en estos proyectos. LL. Con ella creaba una metáfora sobre nuestro aislamiento, que a la vez se transformaba en un símbolo de arquitectura y sociedad, en un país fragmentado, como cualquier otro de América Latina, por las diferencias de clases y culturas que nos separan. Y nuestras construcciones son el mejor símbolo que delata de inmediato nuestra situación. DFH. Meses después, una versión ampliada de este proyecto se exhibió en “El Último Lustro” (marzo, 2011) en la Sala Luis Miró Quesada Garland. Aquí esta instalación ya no tuvo como escenario aquella encantadora y solitaria galería en un 4to. piso a metros de la Plaza San Martín. Aquí, y haciendo una dupla curatorial con Luis Lama (ese genial y eufórico crítico de arte que había leído desde mis adolescencia), el proyecto “Procesos de Gestación” se enfrentaba a un promedio de 1000 visitas al día, 1000 miradas a través de la mirilla por día, 1000 intromisiones-implicaciones por día. LL. Esa misma pieza fue presentada posteriormente en “El último lustro” gracias a una invitación de David Flores-Hora, su talentoso curador. Ella acompañó el volumen ovoide con una serie de dibujos sobre papel traslúcido y fotografía cuyas superficies se fusionaban ante nuestra mirada para develarnos las identidades de “los unos” y “los otros”. LL. Su participación en la pasada versión del concurso “Pasaporte para un artista” volvía a plantearnos la dicotomía en la cual vivimos con un proyecto que ampliaba lo anteriormente visto y se presentaba como una instalación abierta que demandaba nuestra participación, al obligarnos a introducir la cabeza en el interior de la enorme esfera blanca para ver el universo de tierra y esteras que encerraba. DFH. Este proyecto “Levedad e Identidad” (enero, 2012), en la Sala Siete Setenta de la Municipalidad de Miraflores, es además de la primera exposición individual de esta artista, la manera como ella plantea un horizonte de sentido y de intencionalidades a través de su obra. Las alusiones al desierto, a la arquitectura, a los emplazamientos urbanos en esta ciudad son latentes y perceptibles a partir de una maqueta transparente con un contenido en transformación. LL. En su nueva muestra Gianine Tabja replantea sus obsesiones, manteniendo simultáneamente sus contradicciones: El exterior de acrílico pulido, la apariencia industrial, anónima e indiferenciada. El interior en cambio es de arena que se desmorona y va cayendo lentamente sobre el piso formando un montículo que rememora un reloj que va marcando el tiempo del deterioro. DFH. Una ilusión óptica en una sala de exposición, un desierto de arena que se diluye dando paso al vacío suspendido, a una fuerza teórica o hipotética como la anti gravedad. Esta propuesta convierte todo lo material en virtual, y todo lo virtual en material. Infinidad de antagonismos y proximidades que se generan a partir de esta instalación y desde la mirada de cada espectador. LL. El símbolo se redondea. La ciudad está flotando, como nosotros. El interior es matérico, los exteriores son rectángulos que forman edificios gracias a una proyección de luz –inmaterial- que les da forma y los complementa. La arquitectura se vuelve así en un emblema de la lucha entre realidad e ilusión, como ese enfrentamiento de clases en forma de rieles paralelos de un tren que nunca lograremos abordar. DFH. La arquitectura (al ser material) ocupa un lugar en el espacio, tiene una energía medible y está sujeto a cambios en el tiempo. Por otro lado, los conceptos son construcciones o imágenes mentales, las cuales permiten comprender las experiencias con nuestro entorno. Estas dos dimensiones son de fácil lectura en esta instalación y en la obra de esta gran artista. Una pesquisa constante y vital LL. De hablarnos de nuestra realidad a través de metáforas inteligentes, con una poética capaz de transformar en sueños diurnos a la realidad, es de lo que trata el arte y Gianine Tabja lo confirma plenamente. Luis Lama (LL.) | David Flores-Hora (DHF.) Enero 2012